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SOBRE MÍ Y MIS INICIOS
Terminé mi diplomatura en fisioterapia en Soria en junio de 2007. Después de una carrera preciosa, en la que adquirí muchos conocimientos de medicina (la mayoría de nuestros profesores eran médicos, que habían impartido clase en la licenciatura de medicina que años atrás se ofertaba en Soria) y fisioterapia, y donde había conocido a personas maravillosas, decidí que necesitaba formarme más y comencé el máster de OMT (Terapia Manual Ortopédica) en Zaragoza, donde un profesor sueco de avanzada edad nos intentaba transmitir todos sus conocimientos sobre terapia manual. Ahí empecé a entender y a conocer de qué trataba mi profesión. No digo que durante la carrera no adquiriéramos conocimientos, pero tan solo nos transmitieron la base, una base sólida sobre anatomía, biomecánica, fisiología, química, biología, física, patología… pero la profesión como tal, el diagnóstico, el razonamiento clínico, el tratamiento con terapia manual… eso lo aprendí en el máster. Hice el primer curso del máster en el verano de 2007, y durante 2008 asistí también a algunos de los módulos para afianzar conocimientos, a la vez que me puse a trabajar en un balneario en Alhama de Aragón, hice algunas sustituciones en mutuas, así como trabajé en Illueca en un centro de terapias manuales. Recuerdo la sensación de querer hacer muchas cosas, no quería perderme nada: trabajaba, estudiaba, hacía cursos, opositaba y todo lo que se me pusiera por delante. Tenía 21 años, y no quería perder el tiempo, todo me parecía poco, como si la vida se fuese a acabar mañana. 17 años después agradezco haber querido hacer tantas cosas, haberme formado tanto y haberle dedicado tanto tiempo a la fisioterapia, ahora que ya no puedo hacerlo. Al menos, no con esa disponibilidad y dedicación con la que antes contaba.
Hablando con un compañero del balneario de Alhama, decidimos montar una sociedad civil y emprender en Calatayud, ciudad donde él vivía. A mí, sinceramente, me daba igual donde ir, solo quería trabajar en lo que me gustaba. Y así inicié mi camino como fisioterapeuta autónoma, en septiembre de 2008. Un mes antes de abrir, me llamaron para ofrecerme un trabajo “más o menos fijo” en un colegio público tras haber realizado un examen unos meses atrás, y lo rechacé sin dudarlo. A veces me pregunto cómo sería mi vida si hubiese dicho que sí, ¡creo que sería mucho más cómoda y tranquila!
Recuerdo la ilusión del principio, cómo con mis propias manos pinté y adecué el piso donde empezamos, cómo pedí mi primer préstamo al banco, mi primera subvención, cómo me inicié en este mundo ciertamente complejo y a veces escabroso y lleno de incertidumbres que supone ser autónoma, pero que me sigue dando multitud de alegrías y satisfacciones. Ahora cuando veo a los chavales de 21 años, me sigo admirando de que tuviera la valentía (o la locura) de montar mi propia empresa con esa edad.
Y rápidamente, empecé a tener pacientes. Recuerdo tratar pacientes a las 9 de la noche, otros en sábado o domingo… mi disponibilidad era completa. Y como al principio tenía tiempo, no miraba el reloj… ¡qué placer! ¡Ojalá pudiese hacer eso a día de hoy! En muy pocos meses, mi agenda empezó a estar completa. No había buen entendimiento con aquel socio, que ni siquiera era fisioterapeuta, por lo que tras dos años de desavenencias, decidimos romper la sociedad e ir cada uno por nuestro lado.
Era mayo de 2011, y todo empezó a funcionar muchísimo mejor. Trasladé la clínica al piso donde vivía, con ayuda de mi familia, a la que le debo todo. Y de ahí hasta ahora, todo fue expansión y crecimiento. Trabajaba en mi consulta y hacía también sustituciones en la sanidad pública cuando me llamaban. De normal, atendía durante una hora a cada paciente (algo que mantengo, considero que es imprescindible dedicar tiempo a cada persona) y me citaba unos 50 pacientes a la semana (una barbaridad que sólo una persona joven podría resistir, pero ¡cuesta tanto decir “no”!) y aún así, contaba con varias semanas de lista de espera. O bien empezaba a rechazar trabajo, o bien ampliaba mi equipo. Lo tenía claro, no quería decir que “no” a mis pacientes. Sin echar muchas cuentas, y con el único objetivo de ofrecer un mejor servicio y un menor tiempo de espera, contraté a mi primera empleada, en 2012. Siempre he creído en el trabajo en equipo, la unión hace la fuerza.
Yo seguí formándome, entre otras muchas formaciones, hice 2º curso del máster y expuse un trabajo de investigación en un congreso internacional de fisioterapia, con ayuda de mis amigos Martín Barra y Carlos López, quienes son hoy sendos doctores. Aquel master me abrió las puertas de la investigación, y sobre todo, me permitió conocer a grandes profesionales (además de ellos, a Elena Bueno, Miguel Malo, Albert Perez, Jacobo Rodríguez… y todo el equipo de Actium Anatomy) con quienes a día de hoy mantengo contacto y de quienes sigo aprendiendo.
También realicé la adaptación a Grado (obteniendo el título de Graduada en Fisioterapia), el posgrado en ecografía músculo – esquelética, formaciones en fisioterapia invasiva y un montón de cursos más… mi único objetivo: tener más y más herramientas para ofrecer un tratamiento adecuado, eficiente y efectivo a cada uno de mis pacientes. Siempre he dicho que la “fisioterapia engancha” y es que, el agradecimiento que te transmite una persona cuando consigues mejorar un dolor o en general, la calidad de vida en su día a día, es indescriptible. Lo que me ha llevado a intentar saber cada día un poco más es poder abrir ese abanico, poder ayudar a más personas, y mejor. ¿Puede existir algo más gratificante?
En 2021, mi vida cambió por completo, un giro de 180º… fui madre. Si habéis leído algo (o experimentado) sobre cómo cambia el cerebro de una mujer durante su embarazo, y posteriormente con la maternidad… no hay duda, ¡absolutamente cierto! Hay evidencia científica (¡gracias, Dra. Susana Carmona!) de los cambios estructurales que acontecen en el cerebro durante esta etapa. Además de revolucionar y hacer más compleja mi vida y mi agenda, mi hija vino a enseñarme mucho y a acercarme e interesarme más por la infancia y las madres, por lo que decidí formarme en lactancia y fisioterapia pediátrica. Actualmente estoy cursando dos formaciones sobre salud femenina: “Terapia manual visceral y urogenital” y “psiconeuroinmunología en la salud hormonal de la mujer”. Si mi sensación, antes de ser madre, era de falta de tiempo, ahora siento que me tendría que multiplicar sólo para llegar a la mitad de mis objetivos diarios.
Recapitulando, desde mis inicios hasta la actualidad, nuestro centro de fisioterapia no ha parado de crecer, cambié la ubicación en abril de 2017 a donde nos encontramos actualmente en la C/ Baltasar Gracián, dedicando todo el espacio a la clínica de fisioterapia. Poco a poco se convirtió en lo que es a día de hoy, en el centro de fisioterapia (privado) que más profesionales a tiempo completo alberga de la comarca, de lo que me siento realmente orgullosa. Realidad que no sería posible sin mi equipo, formado por Raquel Vega, Samuel Laborda, Diego Mógica y yo misma.
Son muchos los fisioterapeutas que han pasado por nuestro centro, y me siento agradecida a cada uno de ellos, que ha demostrado su profesionalidad y buen hacer con cada uno de los pacientes que han pasado por sus manos. Tras miles de pacientes atendidos, solo puedo estar orgullosa del equipo humano que se ha creado y de todas las personas que han podido mejorar su calidad de vida gracias al trabajo que desempeñamos. Solo espero poder seguir atendiendo pacientes desde el conocimiento y la ciencia, la dedicación y la calidad humana que sesión tras sesión, dedicamos a cada una de las personas que depositan su confianza en nuestras manos.
María Moreno
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